ATLANTIDA

Mencionada y descrita por primera vez en los diálogos Timeo y el Critias, textos del filósofo griego Platón.

Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en el Timeo y el Critias, textos en diálogos del filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su padre y que este, a su vez, supo de Solón, el venerado legislador ateniense, a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta del Nilo. La historia, que Critias narra como verdadera,se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar como los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Hércules y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación.

En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. Relato que se interrumpe abruptamente, quedando inconclusa la historia.

Los textos de Platón sitúan la Atlántida frente a las Columnas de Hércules (lugar tradicionalmente entendido como el estrecho de Gibraltar) y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas.Se señala su geografía como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.

Según el Critias, Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito y para protegerla, o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada.La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico.

Favorecida por Poseidón, la isla de Atlántida era abundante en recursos. Había toda clase de minerales, destacando el oricalco, rara aleación natural de oro y cobre; grandes bosques que proporcionaban ilimitada madera; numerosos animales, domésticos y salvajes, especialmente elefantes; copiosos y variados alimentos provenientes de la tierraTal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron, sobre la montaña rodeada de círculos de agua, una esplendida acrópolis plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron, alrededor de la llanura oblonga, una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos, que irrigaron todo el territorio de la planicie. Construyeron un gran canal, de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudadela.

Los reinos de la Atlántida formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón. Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas. Alternadamente, cada cinco y seis años, los reyes se reunían para tomar acuerdos y para juzgar y sancionar a quienes de entre ellos habían incumplido las normas que los vinculaban.

La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes.Según el Timeo, comenzaron una política de expansión que los llevó a controlar los pueblos de Libia (entendida tradicionalmente como el norte de África) hasta Egipto y de Europa, hasta Tirrenia (entendida tradicionalmente como Italia). Cuando trataron de someter a Grecia y Egipto, fueron derrotados por los atenienses.

El Critias señala que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero el relato se interrumpe en el momento en que Zeus y los demás dioses se reunen para determinar la sanción.Sin embargo, habitualmente se suele asumir que el castigo fue un gran terremoto y una subsiguiente inundación que hizo desaparecer la isla en el mar “en un día y una noche terribles”, según señala el Timeo.La leyenda cuenta que la Atlántida era una isla de grandes dimensiones, se podría considerar un continente, según algunas hipotesis en el Mediterráneo, en otras versiones en el Océano Atlántico, fue destruída por un terremoto o tsunami que inundó totalmente sus tierras dejándola por siempre sumergida bajo las aguas y olvidada en el pasado.

Sus habitantes poseían una tecnología y cultura muy superior a la de los contemporáneos de su época y fueron decisivos en los avances de todas las culturas mundiales. Su ubicación les permitía el acceso a culturas tan dispares como la egipcia y la Maya y eran consumados viajeros, dominando con sus barcos todos los mares y océanos del planeta. La similitud entre estructuras arquitectónicas como las piramides Mayas y Egipcias, o el parecido fonético de algunas palabras en culturas separadas por aguas y miles de kilómetros de distancia se deben según los partidarios de la existencia de dicha isla o continente y a la influencia que los Atlantes (nombre con el que habitualmente se designa a los habitantes de la Atlántida) gracias a su avanzada tecnología marcaron culturas de todo el mundo.

La leyenda de la Atlántida parte de Platón hacia el 350 a.C., el cual, en los diálogos Timeo y Critias, cuenta la historia de una civilización floreciente que vivía en una isla "más allá de las columnas de Hércules" (nombre antiguo del Estrecho de Gibraltar). Él aseguraba basarse en el sabio griego Solón, que 200 años antes decía haber oído en Egipto que una isla había sido destruida "al oeste" como consecuencia de un gran cataclismo que la sumergió en las aguas en tan solo unas horas. En más o menos 20 páginas describe esta floreciente cultura, sus ciudades y abundancias y como debido a una afrenta a los dioses (eran adoradores de Poseidón) fueron castigados y una serie de cataclismos les sumergieron en las aguas.

Hasta aquí podría parecer la típica historia moralista tan habitual en Mitología griega, pero numerosos estudiosos a lo largo de la historia han buscado su significado real pues en gran cantidad de culturas existen mitos similares a los de la Atlátida de Platón, según algunos de ellos existe una especie de memoria histórica o componente real en dicha historia y si bien la mayoría de las hipotesis fueron desestimadas por falta de pruebas o demostrada su invalidez, es cierto que de tratarse de un leyenda fue de gran difusión en una edad tan temprana del hombre que pervivió en diferentes y dispares culturas.

Ubicación de la Atlántida

La imagen romántica de una isla fabulosa tragada por el mar, ha significado que su ubicación haya sido buscada desde la época de Platón, aunque nadie está seguro si existió realmente muchos son los investigadores que la buscaron, una empresa no del todo descabellada, pues al fin y al cabo también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903. Las ubicaciones sugeridas para la Atlántida, incluyen lugares diversos a continuación se enumeran algunas de las ubicaciones más nombradas:

En el Mar Mediterráneo - Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos remotos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos. En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo ateniense lo sitúa "más allá de las Columnas de Hércules", y esto significaba, según la concepción de la antigüedad, al otro lado del estrecho de Gibraltar, es decir, en el océano Atlántico. Pero atención, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta). La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos. Posiblemente los egipcios tenían en mente un lugar totalmente diferente al referido por Solón, ya que para esta civilización confinada en el valle del Nilo, el mundo conocido terminaba no ya en el Atlántico, sino en el mismo Mediterráneo.

La teoría que desde 1909 ha sumado más adeptos afirma que la Atlántida fue Creta u otra isla cercana, la de Santorini. Por consiguiente, la civilización atlante se identificaría con la minoica. Son muchos los datos que apoyan esta tesis. Para los antiguos egipcios, Creta constituía un lugar de interés a causa de su cercanía y su fuerza, aunque resultaba casi inaccesible debido a su ubicación en mitad del Mediterráneo. Por otro lado, la decadencia y caída de esta civilización encaja con el dramático final descrito por Platón: hacia el año 1500 a.C. una tremenda erupción volcánica en la isla de Thera (hoy llamada Santorini) originó terremotos, tsunamis y lluvias de cenizas que acabaron por dar el golpe de gracia a aquella cultura de la Edad del Bronce, que ya había sufrido anteriores seísmos.

La fecha es lo único que no concuerda, pues recordemos que, según Platón, la Atlántida debió florecer alrededor de 12.000 años atrás. Sin embargo, pudo ocurrir que el informador egipcio de Solón se hubiera basado para sus cálculos en uno de los calendarios lunares al uso en aquella época, confundiendo al griego, quien habría tomado los años lunares por solares. En tal caso, la fecha referida por el sacerdote sería el año 1200 a.C. aproximadamente, lo cual coincide, admitiendo un margen de tolerancia de dos o tres siglos, con la explosión de Thera.

En cualquier caso, por bien que suene esta hipótesis -desarrollada y defendida sobre todo por los investigadores griegos Angelos Galanopoulos y Spyridon Marinatos- también tiene sus puntos débiles. Así, la clasificación cronológica de los diferentes estilos cerámicos de la isla de Santorini demuestra que esta cultura sobrevivió al menos cincuenta años a la erupción del volcán. La Atlántida no se hundió, por tanto, en este lugar. Y menores son las posibilidades de que se tratara de la cercana isla de Creta; Cnosos, el centro de la cultura minoica, no se colapsó hasta algunos siglos después de la erupción del volcán y, como todos sabemos, la isla continúa en su sitio.

En el Océano Atlántico - El relato de Platón hablaba de una enorme isla "más allá de las columnas de Hércules" este dato hacia suponer que debía encontrarse en el Océano Atlántico y durante siglos investigadores del tema la situaron en dicho emplazamiento. Dicha teoría fue totalmente rechazada en 1.950 cuando se demostró la tectónica de placas y se comprobó que no existen ni existieron vestigios de ningún continente sumergido.

Hasta que dicho teórico emplazamiento se demostró que no era correcto, investigadores como Ignatius Donnelly, quien publicó su libro Atlantis: The Antidiluvian World en 1882, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.

Los principales datos que corroborarían su teoría son los siguientes: la lengua de los aztecas posee asombrosas semejanzas con la de los egipcios. (Esto no es exacto, dicen los escépticos; el parecido procede de una interpretación errónea de los signos de la escritura azteca). Los egipcios no fueron los únicos que construyeron pirámides; también los antiguos pueblos centroamericanos levantaron este tipo de estructuras, de modo que debió existir algún contacto entre ellos. (Tonterías, afirman los detractores de Donnelly; una forma geométrica tan elemental puede inspirar a cualquier arquitecto espontáneamente, sin que tenga que copiar de nadie).

Donnelly no ofrecía nuevas pruebas de la existencia de la Atlántida, sino una síntesis tan brillante como persuasiva de las ya existentes, echando mano de informaciones procedentes de campos tan diversos como la arqueología, la oceanografía, la filología, la geología, la historia, la mitología, la etnología, la zoología y la botánica para argumentar la historia de Platón y con la intención de demostrar que sin un continente que hubiera servido de puente las coincidencias que proponía no hubiesen podido darse.

Bloques submarinos de piedra que parecen restos de calzadas y murallas ha inducido a suponer que la Atlátida se encuentra junto a las costas de Bimini una de las Islas Bahamas. La Atlántida en América - Al ser descubierto el nuevo continente surgió como es lógico una nueva teoría, ¿Podría ser América el continente descrito por Platón?, ¿era posible que las tierras descubiertas por Cristobal Colon fueran parte de la isla soñada?

La respuesta parecía ser no pues parecía muy improbable con la tecnología de la época que relataba Platón pudiesen realizarse viajes en barco a tan larga distancia y más cuando se describían flotas de 1200 barcos que conquistaban allá por donde pasaban con sus tropas. Un dato cuando menos curioso sobre esta teoría es el siguiente:

En una sesión de trance realizada en 1933, el vidente norteamericano Edgar Cayce describió de una forma colorista y fantástica la vida en aquella antigua civilización, prediciendo, además, que una parte de ella sería encontrada en el año 1968. Y en efecto, un año más tarde de lo vaticinado se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta zona ya había sido propuesta por otros investigadores, que sin duda se remitían a los datos aportados por el geógrafo romano Marcelo, del primer siglo antes de nuestra era. Según él, el continente perdido habría estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de ellas de 1.000 estadios de diámetro, lo que equivale aproximadamente a 200 kilómetros.

¿Debemos, pues, buscar los restos de la Atlántida en el Caribe? La mayor de las islas antillanas, La Española, tiene un tamaño que coincide más o menos con el calculado por el sabio Marcelo. Sin embargo, estas especulaciones tienen muy poco que ver con la descripción de Platón. Las formaciones de piedra encontradas son según los expertos tan solo una formación rocosa insólita y no tienen nada que ver con la mano del hombre y aún en el caso de ser estructuras arquitectónicas creadas por el hombre parece muy poco probable que perteneciesen a la Atlántida que relataba Platón y con casi total seguridad serían parte de una cultura megalítica aun desconocida.

Se dice que el nombre de Atlántida fue dado en honor de su primer gobernante, Atlas, uno de los hijos de Poseidón que se rebeló contra los dioses y fue condenado por Zeus a cargar sobre los hombros la bóveda del cielo.

Aunque no existe ningún hallazgo arqueológico que avale su existencia, existe una larga lista de lugares potenciales que se disputan las coordenadas en las que pudo existir este continente y su civilización.

Video El misterio de los Minoicos

Toda la leyenda de la Atlántida surge de una misma fuente: "Los diálogos de Platón". En dos de estos diálogos, mantenidos por Platón con Critias y con Timeo, se hace una descripción bastante exhaustiva sobre la Atlántida, su geografía, sus habitantes y su forma de vida. Platón asevera en sus "diálogos" que esta historia les fue relatada por el sabio griego Solon, quien a su vez la recibió de un sacerdote egipcio.

Se describe como una historia genuina la narración acerca de un pueblo originado por los dioses que habitaba en una gran isla situada más allá de las Columnas de Hércules (actualmente el Estrecho de Gibraltar) y que superaba en superficie a Asia y Libia juntas.

Según este relato, el poderío de los gobernantes atlantes alcanzaba gran parte de Europa y de Egipto pero cometieron el gran error de pretender someter a los atenienses, quienes triunfaron finalmente sobre los invasores (no es extraño, considerando que Platón era griego) a la vez que liberaron a los otros pueblos sometidos. Al cabo de un tiempo, intensos terremotos y grandes inundaciones acabaron con la Atlántida (y con los gloriosos guerreros atenienses) en un solo día.

En los Diálogos también se describe como vivía la civilización atlante con bastante detalle. Esta civilización tuvo su origen en la unión del dios Poseidón con una mortal llamada Cleito. El amor de Poseidón por Cleito era tan grande que, para protegerla, aisló la isla de todo cuanto la rodeaba por medio de dos anillos de agua y tres de tierra, fosos inundados y muros alternados. Convirtió así el centro de la isla en un círculo.

El suelo de la isla era inmensamente rico, y con el se edificaron templos y palacios de gran hermosura y magnitud, a la altura de sus moradores. También construyeron puertos y dársenas para los barcos que transportaban mercancías procedentes de todo el mundo y construyeron un gran canal que, partiendo desde el centro de la isla, desembocaba en el mar.

Cada una de las provincias en que se dividía la Atlántida estaba gobernada por un rey, y todos ellos seguían la ley de Poseidón, escrita en una columna de oro y cobre erigida en medio de la isla. Los habitantes que en un principio vivían y pensaban de acuerdo a la ley, iniciaron su decadencia tras comenzar a mezclarse con los mortales, por lo que Zeus decidió castigarlos.

Para atenernos al rigor histórico, la heroica hazaña bélica en la que los atlantes fueron derrotados por los atenienses tuvo lugar, según el sacerdote egipcio, hace más o menos unos 9.000 años. Como Solon vivio alrededor del año 640 a.C. podríamos deducir que la Atlántida alcanzo su mayor apogeo aproximadamente en el año 10.000 a.C.

Del origen de esta civilización no se tiene conocimiento alguno; ahora bien, es necesario admitir que los principales datos de la existencia real, o no, de la Atlántida provienen de un relato sobrecargado de leyendas, y que éstas suelen encerrar una veracidad que ha soportado una considerable deformación, pero que cuya búsqueda no resulta del todo irrealizable.

Tampoco debemos olvidar que los mitos griegos (donde aparecen las leyendas atlantes), fueron imaginados y/o creados por la gente que vivía en regiones que mantenían estrechos contactos con la Creta Minoica (una superpotencia económica y política de la antigüedad), de hecho, los cretenses tenían sometidos a los atenienses.

¿Dónde está la Atlántida?

Podemos así apreciar que existe gran similitud entre la isla de Creta y la Atlántida, además, ocurrió un hecho muy significativo: la gran explosión del volcán de la Isla de Thera (hoy en día Santorini) que tuvo lugar aproximadamente en el siglo XVI a.C.

Los geólogos americanos Shenk y Stanley encontraron restos de la gran explosión de Santorini al analizar restos volcánicos en el río Nilo. Unos vulcanólogos daneses encontraron restos de este volcán en Groenlandia, a unos 3000 Km. de distancia. La hipótesis de la explosión se ve avalada por algunos relatos bíblicos; para algunos conocidos investigadores, la separación de las aguas del Mar Rojo y el ensombrecimiento del cielo en Egipto fueron la consecuencia directa de la erupción volcánica de la isla de Thera.

También los chinos afirman, en algunos manuscritos antiguos, que durante el reinado del emperador Xieh, los campos del cálido valle del Río Amarillo aparecían cubiertos diariamente por escarcha. Después de las erupciones de los volcanes Laki (Islandia, 8 de julio de 1783) y Tambora (Indonesia, 5 de abril de 1815) parece ser que ocurrieron fenómenos similares.

Indudablemente la catástrofe de Santorini no es única. Un caso similar ocurrió con el volcán Krakatoa (al suroeste de Indonesia, entre Java y Sumatra) el 26 de agosto de 1886. El gran estallido de este volcán produjo una ola colosal que destruyó las costas de Java y Sumatra, de la misma manera que el volcán de Santorini podría haber aniquilado la civilización atlante.

Pero existen otras coordenadas que se diputan con Santorini la ubicación del reino perdido:

La Isla de Pharos (frente al delta del Nilo)
La cordillera del Atlas (conjunto montañoso al Norte de África)
La desaparecida civilización de Tartessos (en las proximidades de Cádiz)
El antiguo lago de Tritonis (hoy, marismas de Chott el Djerid y Chott Melrhir)
Hay quien señala a los guanches, los primitivos habitantes de Canarias, como los descendientes de los atlantes, basándose en que las momias guanches son de elevada estatura. Pero si se recurre a la antropología, queda claro que los guanches procedían de las costas africanas.

El escritor griego Plutarco (c. 50 d.C.) sugiere que la Atlántida podría buscarse en Escandinavia (la región del norte de Europa que comprende Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia).

También se menciona la Atlántida en la zona del Canal de Korinthos, una brecha de 6,3 Km. abierta a través del istmo del mismo nombre, que une el Peloponeso con el resto de Grecia; una zona muy propensa a los terremotos.

Si mencionamos a Tartessos (comarca al sur de España), también allí se dan muchísimas coincidencias con lo descrito acerca de la Atlántida, lo que nos haría situarnos en el Océano Atlántico.

Hay infinidad de autores que han escrito y especulado sobre el Continente perdido, vale la pena mencionar:

Platón (Filosofo, 427 a.C.)
Macrobio (filosofo, escritor y político, 400 a.C.)
Plutarco (50 a.C.)
Proclo (filosofo griego, Constantinopla 412)
Julio Verne (escritor francés, Nantes 1828)
Jacinto Verdaguer (poeta español en lengua Catalana, Folgarolas 1845)
José Ortega y Gasset (filosofo español, Madrid 1883)
Juan G. Atienza (Filólogo, Valencia 1930)

Bibliografia

http://www.escalofrio.com

http://marenostrum.org

http://laescueladeateanas.wordpress.com

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LA ATLANTIDA LO QUE LA CIENCIA OCULTA

Documental de José Luis Espejo, autor del libro "Leonardo: los años perdidos".- En este audiovisual hace un recorrido por los puntos mas controvertidos en torno a los verdaderos orígenes de la civilización. Sirve de introducción y de complemento a su próximo libro: "Los hijos del Edén".La Ciencia oficial niega la existencia de una civilización primordial, madre de todas las culturas y civilizaciones. En este documental demostraremos que esta presunción es incorrecta. Son muchos los interrogantes que aún no han sido desvelados en torno al problema de "los orígenes de la civilización".

 

 

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Mito o fantasía, realidad o ficción lo cierto es que desde la noche de los tiempos las leyendas sobre la Atlántida han quitado el sueño a mas de un explorador, al contrario de lo que aconteciera con la antigua Troya otro supuesto mito atribuido al poeta griego Homero hasta que Enrique Schliemann a finales del siglo 19 la desenterró dejando en evidencia que no era simplemente una leyenda, por su parte la Atlántida el fabuloso continente se hundió para siempre en tan solo una noche y hasta hoy día continua esquivando la pala de innumerables arqueólogos...

Documental ATLANTIDA, El Continente Perdido.

LA ATLANTIDA EN BOLIVIA

Mundos perdidos - La Atlantida

Legend of Atlantis en inglesLegend Of Atlantis part 2 - Secret Brotherhood

Following the catastrophe in Atlantis all nations were dispersed. A part of the Atlantean brotherhood's secret knowledge survived in Egypt, in India and in Tibet. The heirs of these secret brotherhoods led mankind during the dark age...through Atlantean knowledge and through all ages. In modern times the Freemasons, Templars and Illuminati brotherhoods were formed. After World War I the Neutemplerorden and Thule society emerged in Munich and Vienna. New occult sects which saw 'satan' in the old Freemason lodges. With Hitler these occult sects came to power. This thrilling documentation shows for the first time the background of the Third Reich and its intellect which led to the catastrophy of World WarLegend of Atlantis part 3 - Secret Prophecies

Atlantean secret knowlege tells us the legend of mankind and those souls, who have to undergo cycles. With the fall of Atlantis a gigh civilization cycle had ended. All prophecies and more recent Earth changes point out that today's mankind has reached the end of the next experience cycle. Up to the year 2011 the most serious Earth and climate changes, earthquakes, social and political changes have been predicted. This thrilling documentation shows the prophecies of ELIA, the returned prophet and his message on the last days, Christ's return and the space BrotherhoodLegend of Atlantis part 4 - Return of the Lightmasters

Milleniums have passed... since the high culture of Atlantis sank with a catastrophe through power abuse of some corrupt scientists. All humans of that time, who also experienced the descent into the dark age, are being reincarnated today. The thrilling documentation shows the return of the Atlantean light children and allows deep insight into the role of the lightworkers and brotherhoods of Atlantis. It shows why some souls reincarnate today and act as environmental protectionists, therapists, artists, esoterics etc. for the healing of the earth. Addresses also the Space Brotherhood events--11:11, the hollow earth, Shambhala and AghartaEN BUSCA DE LA ATLÁNTIDA

Geografía antigua. Gran isla o continente que, según la tradición, existió al O. de España y África, en el Océano Atlántico. Según Platón, enfrente de las columnas de Hércules hubo en tiempos remotísimos una gran isla, mayor acaso que África y Europa, con floreciente comercio, gobierno patriarcal y artes y ciencias muy desarrolladas. Estaba dividida en diez comarcas con reyes independientes, pero aliados siempre que se trataba de hacer la guerra a extranjeros. Su poder marítimo era grande, y por canales que surcaban todo el país eran las flotas conducidas hasta los puertos interiores de magníficas ciudades con palacios y templos que no tenían rival en el mundo. Pero los atlantes, o sea los habitantes de la Atlántida, se pervirtieron de tal modo que los dioses indignados resolvieron castigarlos, y un horrible terremoto sepultó toda la isla en el fondo del Océano. Tradiciones egipcias y griegas anteriores a la época de Platón mencionan también la Atlántida, y entre los griegos se conservaba el recuerdo de luchas que sus antepasados habían sostenido con los atlantes.
Casi todos los historiadores antiguos consignan la tradición, y aunque durante mucho tiempo se la consideró como fábula, después, autores de nota se inclinaron a admitir como ciertas las noticias y referencias que la antigüedad ha transmitido, se debatió la cuestión con singular empeño y hoy puede afirmarse que la crítica y las investigaciones modernas han acumulado pruebas muy valiosas en pro de la existencia de la Atlántida. Mas, ¿dónde estuvo este continente? ¿Qué causas motivaron su desaparición? Según López de Gomera y otros notables eruditos y geógrafos, era el Nuevo Mundo, la América. Otros, como Mentelle y Bory de Saint Vincent, han sostenido que la Atlántida ocupaba toda la extensión del Océano en que se hallan comprendidas las islas Azores, la de Madera, las Canarias y las de Cabo Verde. M. Gaffarel, en sus estudios sobre las relaciones de América y el antiguo continente, fundándose en los testimonios geológicos que prueban que hubo comunicación entre Europa y América, indica la probabilidad de que haya existido un continente del que son restos las Antillas, las Azores y las Canarias. La superficie del mar de Sargazo se halla cubierta de hierbas marinas que jamás alteran su situación, lo que parece indicar la presencia de terrenos sumergidos. Además, el mar de las Antillas y las vecinas tierras conservan las huellas de un gran trastorno que cambió el aspecto de esta parte del Nuevo Mundo en época relativamente moderna, y por los estudios geológicos y tradiciones locales se sabe que todo el archipiélago que se extiende desde el Orinoco al Yucatán es resto de tierras sumergidas que componían parte del continente.
Gaffarel explica las analogías de idiomas, religiones, monumentos, costumbres, etc., entre americanos, íberos, etruscos y egipcios, por la existencia de la Atlántida, cuya costa occidental llegaba al Nuevo Mundo y la oriental a Europa y África. El señor Novo, en su Última teoría sobre la Atlántida, se inclina a creer que estuvo donde hoy las Azores, y que su superficie no excedía de las 16.000 leguas cuadradas que mide el gran banco sobre el cual se asientan dichas islas. Don Federico de Botella, en la Memoria que presentó al Congreso de Americanistas de Madrid, con el título de: Pruebas geológicas de la existencia de la Atlántida; su fauna y su flora, llega a las siguientes conclusiones: que el territorio que hoy forma el extremo más occidental de nuestra península debió extenderse hacia poniente, uniéndose sobre una longitud de más de 1.200 kms. desde Aveiro a Avilés con otra cualquiera extensión de territorio; que este territorio hasta el período cretáceo, por lo menos, se enlazaba hacia O. y N. con la América septentrional y con Irlanda, y que, desaguada la península en su casi totalidad, merced al movimiento orogénico que se conoce con el nombre de levantamiento de Córcega y Cerdeña, y marca la divisoria inter-oceánica-mediterránea, la ruptura que hacia el O. nos señalan los acantilados de nuestras costas galaicas, y la desaparición consiguiente de la Atlántida, hubo de ocurrir hacia mediados de la época cuaternaria, coincidiendo con el gran movimiento orogénico trirectangular que señalan en la superficie de nuestro globo 300 bocas volcánicas.
De todos modos, lo indudable es que un hundimiento o un terremoto desquiciaron la famosa Atlántida. Acaso, después del hundimiento que separó la Atlántida de la Europa y de la América, pudo quedar una gran isla sobre el banco de las Azores, isla que en tiempos relativamente más modernos fue rota y resquebrajada por un terremoto, quedando en su lugar el actual archipiélago.

De todos los relatos legendarios que fueron recopilados por los autores clásicos, el mito de la Atlántida es sin duda uno de los que provocan mayor fascinación. Muchos investigadores han intentado, por ello, dar respuesta al intrigante enigma que encierra, proponiendo una gran variedad de interpretaciones. En dos de sus famosos Diálogos el filósofo griego Platón narra la fabulosa historia de la Atlántida, un país situado en los límites occidentales del mundo antiguo que habría llegado a alcanzar un alto nivel de civilización en una época bastante remota, antes de hundirse catastróficamente bajo el mar o de ser repentinamente inundado por sus aguas. De acuerdo con esta leyenda, los poderosos atlantes habían conseguido someter bajo su dominio una gran parte de los países mediterráneos, pero su expansión hacia el este fue detenida por el heroico pueblo helénico, bajo el mando de los atenienses, poco antes de que se produjera el desastre final que destruyó la Atlántida.

En primer lugar conviene señalar que en los textos originales Platón utiliza el término nêsos para referirse al país de los atlantes, el cual ha sido traducido normalmente por la palabra “isla”, a pesar de que también significa “península” en lengua griega. El Dodecaneso es, por ejemplo, un conocido archipiélago de doce islas situadas en el mar Egeo, mientras que el Peloponeso es la península del sur de Grecia que, como es bien sabido, recibió su nombre de un héroe legendario llamado Pélope. Este dato tiene gran importancia, porque nos permite interpretar que la Atlántida no era necesariamente una gran isla situada en el océano Atlántico, como suele creerse, sino que podría tratarse de un territorio continental que se hallara cerca de las Columnas de Hércules, el estrecho comúnmente identificado como Gibraltar, y de este modo pudo haber sido igualmente una región occidental de Europa o de África.

En el diálogo sobre la naturaleza, también conocido como Timeo, y en el diálogo sobre la Atlántida, titulado Critias, Platón expone este sorprendente relato como tema central de una conversación, real o ficticia, entre el filósofo Sócrates y otros tres ilustres personajes llamados Timeo, Hermócrates y Critias. Este último era tío del propio Platón, y a fines del siglo V a. C. formó parte del gobierno de los Treinta Tiranos, establecido en Atenas por los espartanos tras su victoria en la guerra del Peloponeso. Además de dedicarse a la política Critias era filósofo y poeta y conocía bien, al parecer, la historia de la Atlántida, porque su abuelo, llamado también Critias, conservó unos valiosos escritos del sabio Solón, el célebre legislador de Atenas, quien había sido otro de sus antepasados. Tal como se explica en el primer diálogo, los escritos de Solón eran el fruto de un viaje a Egipto, ya que estos documentos recogían, en realidad, los conocimientos que unos sacerdotes egipcios le habían transmitido al sabio ateniense en el transcurso de aquel viaje.

El mito de la Atlántida parece tener su origen, por tanto, en antiguas tradiciones que los egipcios podrían haber conservado durante muchas generaciones y que debieron de llegar a Grecia en la primera mitad del siglo VI a. C., unos 200 años antes de que Platón las incorporase finalmente a su obra. En un período tan largo de formación, el relato tuvo que haber sufrido bastantes alteraciones. Algunas de ellas pudieron haber sido introducidas por los propios egipcios, y otras debieron de ser consecuencia de una posterior reelaboración en Grecia, la cual culminaría con la interpretación filosófica que Platón expone a través del discurso de su tío Critias. Así pues, no se debe tomar al pie de la letra el relato platónico de la Atlántida, como suelen hacer los que creen incondicionalmente en la existencia de una gran civilización de 12.000 años de antigüedad, pero un análisis más riguroso permite identificar, no obstante, la realidad que subyace en esta famosa leyenda.

SOLON EN EGIPTO

Desde mediados del siglo VII a. C. los navegantes griegos mantuvieron contactos regulares con Egipto, restableciendo unas relaciones comerciales que ya habían existido anteriormente, en la época micénica, y se habían interrumpido a principios de la Edad de Hierro. Psamético I, primer faraón de la XXVI Dinastía, fue el monarca que propició tales contactos al reclutar un contingente de mercenarios helénicos procedentes de las ciudades jonias de Asia Menor. Estos mercenarios establecieron sus campamentos en la región del delta del Nilo y unos años después un grupo de colonos llegados desde Mileto fundó la ciudad de Naucratis, cerca de la desembocadura occidental del río. La colonia griega se convirtió muy pronto en un importante enclave comercial, en una época en que se estaban abriendo nuevas rutas de navegación por el Mediterráneo. El faraón Necao, sucesor de Psamético, también sintió la necesidad de ampliar los conocimientos geográficos y organizó entonces un largo viaje de exploración por las costas africanas, el cual fue llevado a cabo por marinos fenicios. Éstos ya poseían sus propios puertos y factorías en Occidente, en colonias tan prósperas como Cartago y Gadir. Los griegos, por su parte, habían fundado Cirene en el litoral de Libia y Masalia en el sudeste de Francia, de modo que a principios del siglo VI a. C. algunos navegantes jonios estaban también explorando las costas de la península Ibérica para poder así acceder a las legendarias riquezas del reino de Tartesos, situado en el valle del Guadalquivir. Como resultado de aquellas navegaciones, los primeros geógrafos griegos llegaron a la conclusión de que el mundo estaba constituido, básicamente, por la tierra conjunta de Europa, Asia y África, la cual estaba completamente rodeada por el Océano, y que el Mediterráneo es solamente un mar interior cuyo límite occidental se encuentra en las Columnas de Hércules. Ésta es la descripción que Platón incluye en el Timeo y añade que la Atlántida se encontraba justamente frente al estrecho que separa los dos mares.

Fue en este gran período de descubrimientos geográficos cuando Solón, uno de los siete sabios de Grecia, viajó a la región del delta del Nilo y visitó la ciudad de Sais, que entonces era la capital de Egipto. Este hecho fue recogido por el historiador griego Herodoto, quien sitúa el viaje en los primeros años de reinado del faraón Amasis, cuando Solón tenía ya una edad bastante avanzada. El famoso legislador de Atenas no fue el único sabio griego que se trasladó a Egipto para adquirir conocimientos, pues también lo hizo el filósofo y astrónomo Tales de Mileto, contemporáneo suyo, y el propio Platón con posterioridad. Tal como relata Critias en uno de los Diálogos, Solón visitó en Sais el templo de Neit, diosa que había sido identificada por los griegos con Atenea. Un anciano sacerdote del templo le dijo entonces en tono condescendiente que los antepasados de Solón habían poseído una gran cultura, pero un desastre natural les había hecho olvidar aquellos conocimientos, hasta el punto de que tuvieron que volver a aprender a escribir. También explicó el viejo sacerdote que, por sus especiales condiciones geográficas, Egipto había estado a salvo de cualquier catástrofe, y de este modo la sabiduría que se conservaba tradicionalmente en sus templos era la más antigua. Esta conversación sobre los devastadores efectos producidos por los terremotos y las inundaciones condujo finalmente al sacerdote egipcio a relatar la legendaria destrucción de la Atlántida.

Ahora bien, se puede identificar aquel período de esplendor de la cultura helénica como la última fase de la Edad de Bronce, una época en la que los cretenses y los micénicos utilizaban los dos tipos de escritura conocidos actualmente como Lineal A y Lineal B. Ciertamente estos sistemas dejaron de usarse en la llamada Edad Oscura, la época inmediatamente posterior al declive de la civilización micénica, de modo que en el siglo VIII a. C. los griegos aprendieron de nuevo a escribir con otros signos diferentes basados en el alfabeto fenicio. En los textos de Platón se data el final de esa antigua cultura, así como el hundimiento de la Atlántida, en el año 9.500 antes de nuestra era, una fecha totalmente inverosímil que tal vez se deba a un error de traducción de las cifras originales egipcias, a una incorrecta transcripción posterior, o a una mera exageración introducida en el relato.

Como ya se ha señalado anteriormente, los egipcios habían mantenido ciertos contactos con los pueblos del Egeo durante la Edad de Bronce. Los más antiguos debieron de producirse en el tercer milenio a. C., cuando los documentos egipcios mencionan por primera vez a los haunebut, una denominación que debía de aplicarse originalmente a los habitantes de Creta y de otras islas situadas al sur del mar Egeo, y que luego se extendió también a los navegantes procedentes de Grecia y Anatolia. Más tarde, los egipcios se refieren específicamente a los cretenses cuando hablan de los keftiu, y en algunos monumentos construidos en la época de la XVIII Dinastía se pueden encontrar representaciones de los embajadores cretenses ofreciendo regalos al faraón. La mayoría de los historiadores cree que la brillante civilización minoica empezó a declinar por causa de una gran catástrofe natural, cuando se produjo la explosión de un volcán en la isla de Tera, la cual causó el hundimiento de una parte de la isla y un maremoto que debió de azotar la costa septentrional de Creta. Este acontecimiento puede ser el desastre que, para los sacerdotes de Sais, hizo que los griegos olvidasen una de las más antiguas e importantes culturas del Egeo, poseedora de un primitivo sistema de escritura, si bien la catástrofe debió de producirse unos 900 años antes de la visita de Solón a Egipto, en lugar de los 9.000 que señala Platón. Algunos investigadores modernos, como el griego S. Marinatos y el irlandés J. V. Luce, llegaron a identificar la propia isla de Tera con la legendaria Atlántida, pero lo cierto es que tanto Platón como los demás autores griegos que mencionan a los atlantes sitúan claramente su territorio en Occidente, lejos del mar Egeo.

Así y todo, el desastre que condujo al declive de la civilización minoica permitió que, a partir de 1450 a. C., los griegos micénicos se estableciesen en la isla de Creta y sustituyesen a los cretenses en sus relaciones comerciales con Egipto. Dos documentos egipcios, datados respectivamente en los siglos XV y XIV a. C., se refieren a Grecia como el país de Tanaya o Danaya. Esta antigua denominación, que posiblemente utilizaron también los sacerdotes egipcios, debió de ser interpretada por Solón como una alusión a los atenienses, cuando la aplicación del término podía extenderse a todos los griegos de la Edad de Bronce al ser éstos conocidos tradicionalmente como dánaos. Los hallazgos arqueológicos de algunos yacimientos micénicos y egipcios han confirmado los intercambios comerciales entre ambos pueblos, que fueron más frecuentes durante los reinados de Amenhotep III y Amenhotep IV. No obstante, los últimos contactos que los egipcios mantuvieron con los navegantes egeos de la Edad de Bronce no fueron tan pacíficos, ya que se produjeron alrededor del año 1200 a. C., cuando las antiguas civilizaciones del Mediterráneo oriental estaban atravesando una grave crisis. La documentación egipcia menciona entonces a los pueblos que venían desde “las islas de en medio del mar”, refiriéndose a los navegantes de origen egeo y anatolio. Estos pueblos del mar llegaron a formar poderosas coaliciones que trataron de invadir Egipto en dos ocasiones, pero sus ataques fueron rechazados por los faraones Merneptah y Ramsés III, respectivamente.

A finales del siglo XII a. C. se produjo el colapso de la civilización micénica, cuando las principales ciudades del Peloponeso fueron asaltadas y destruidas. La tradición griega identifica a sus atacantes como los dorios, una tribu helénica procedente del norte de Grecia cuya cultura estaba menos desarrollada que la micénica. Después de esta invasión los habitantes de Grecia dejaron de utilizar la escritura durante unos 400 años, tal como recordaban los egipcios, pero a partir del siglo VIII a. C., los griegos volvieron a alcanzar un alto grado de civilización. Las antiguas relaciones entre Grecia y Egipto pudieron restablecerse entonces; los mercenarios y comerciantes helénicos se instalaron en Naucratis y en otros enclaves del delta del Nilo, y llegaron incluso a poblar un barrio de Menfis. Por eso el anciano sacerdote de Sais le reveló a Solón que los lazos de amistad que existían entre la población egipcia del Delta y los navegantes del Egeo se remontaban a una época muy antigua. Esta edad dorada puede situarse claramente entre los años 1550 y 1250 a. C., antes de que los llamados Pueblos del Mar se hubiesen convertido en una seria amenaza para Egipto.

LA ATLANTIDA GEOGRAFICA

El territorio que Platón denominaba nêsos Atlantis, expresión habitualmente traducida como isla Atlántida, ha sido buscado en diversas zonas del océano. Partiendo de esta errónea premisa, se ha supuesto que las islas Canarias, las Azores o las islas Británicas podrían ser los restos de un fabuloso continente sumergido en el Atlántico hace miles de años, e incluso se han llegado a realizar exploraciones submarinas en el mar Caribe, un lugar completamente desconocido para los griegos y egipcios de la Antigüedad. Otros investigadores han propuesto localizaciones que aún parecen menos razonables, como Etiopía, Palestina o Mongolia.

Si consideramos, en cambio, que la Atlántida era un territorio situado en las proximidades del estrecho de Gibraltar y que no estaba totalmente rodeado por el océano, comprobamos que su localización en la península Ibérica resulta mucho más factible. Esta idea, que cuenta con una larga tradición en nuestro país, fue también contemplada por el arqueólogo alemán A. Schulten, en su estudio sobre la civilización tartésica, y ciertamente la descripción del área donde se encontraba la capital de Atlántida, que podemos leer en el diálogo Critias, se ajusta bastante bien al sudoeste de España, la tierra regada por los ríos Guadiana y Guadalquivir.

En el texto platónico se indica que la legendaria ciudad de los atlantes se hallaba en una gran llanura orientada hacia el sur, la cual medía 3.000 estadios de largo (unos 540 kilómetros), y esta extensión podía ser realmente la que ocupaban los antiguos tartesios. También se señala que, entre la citada planicie y el mar, se elevaba una cadena montañosa que puede identificarse con la cordillera Bética, situada al sudeste del río Guadalquivir y cerca del Mediterráneo. El texto añade, además, que la ciudad estaba rodeada por un sistema de canales, y que distaba 50 estadios de la costa, lo cual se asemeja a la tradicional descripción –escrita por el poeta Avieno– de la capital de Tartesos, una ciudad que se situaba en una isla formada por los esteros del río homónimo, identificado normalmente con el Guadalquivir. Esta isla ya no existe como tal en la actualidad, ni tampoco el mencionado estuario, debido a la gran sedimentación que la corriente fluvial ha producido en los últimos 2.000 años.

Otro dato que refuerza una localización en Andalucía es la mención que Platón hace de Gadir –la ciudad predecesora de Cádiz– como parte integrante de la Atlántida, ya que esta colonia fenicia se encontraba bastante cerca de Tartesos. Los griegos habían empezado a establecer contactos comerciales con los tartesios en la época de Solón, y aquellos navegantes pudieron haber exagerado entonces en sus relatos la grandeza de la civilización tartésica. No obstante, cuando Platón escribió sus Diálogos, la pujanza de Tartesos en Occidente había sido sustituida por la de Gadir y Cartago, y de este modo su mitificación pudo haber originado la creencia de que una próspera civilización atlántica había desaparecido repentinamente.

Ahora bien, Platón nos informa de la abundante existencia de elefantes en la Atlántida, lo cual no se ajusta tanto a la península Ibérica como al noroeste de África, otra región situada en las proximidades de Gibraltar, donde realmente hubo elefantes en la Antigüedad. En esta zona se halla, además, la cordillera del Atlas, identificada por los griegos como la morada del titán Atlas o Atlante. Según la tradición helénica, los dioses del Olimpo derrotaron en una gran guerra a los titanes, y entonces Zeus confinó a Atlante en el lejano Occidente condenándole a sostener el peso de la bóveda celeste. De hecho, Atlas significa en griego “el que soporta”.

El historiador Herodoto, por su parte, hizo referencia a una tribu de libios que vivía en la región del Atlas en el siglo V a. C., explicando que “esta cordillera es la columna del cielo, la cual, por cierto, les ha dado el nombre; pues estos hombres se llaman, como era de esperar, atlantes.” (Historia IV, 184). También Diodoro Sículo (III, 54, 4) relaciona a los atlantes con el noroeste de África y con una ciudad llamada Cerne. De acuerdo con las indicaciones del geógrafo griego Escílax, Cerne debía de situarse en Punta Sarga, en la costa atlántica que se extiende al sudoeste del Atlas, y fue un enclave visitado por los comerciantes fenicios y cartagineses, quienes posiblemente establecieron allí una pequeña colonia. Con respecto al legendario titán castigado por Zeus, dice Diodoro en su Biblioteca de Historia (III 60, 1): “Atlas recibió las zonas costeras junto al Océano y llamó atlantes a estos pueblos y también llamó Atlas a la montaña más alta del país.” Y añade en otro párrafo (III 56, 2): “Los atlantes, que habitan las regiones junto al Océano y viven en una próspera tierra, parecen diferir mucho de los pueblos vecinos por el respeto a los dioses y cortesía hacia los extranjeros, y afirman que el nacimiento de los dioses se produjo entre ellos.”

Los dos últimos textos identifican con bastante claridad el amplio territorio que los antiguos griegos llamaban Atlántida, o el país de los atlantes, el cual debía de extenderse por la península Ibérica –donde Platón parece ubicar su capital– y el noroeste de África, incluyendo la cordillera del Atlas. Ambas regiones están localizadas junto a las Columnas de Hércules y el océano Atlántico y habían sido exploradas por fenicios y griegos antes de que el sabio Solón visitara Egipto. Así pues, los sacerdotes de Sais pudieron haberle hablado a Solón de unas tierras occidentales situadas entre el mar interior y el mar exterior, según la información que ellos también poseían, y el viejo legislador utilizó entonces en sus escritos el término griego Atlantis, derivado de Atlas, para denominarlas.

TRANSFONDO HISTORICO DEL MITO

Las culturas occidentales que dieron origen al mito de la Atlántida no estaban tan desarrolladas, por lo general, como las grandes civilizaciones del Mediterráneo oriental. El reino de Tartesos, que floreció entre los siglos IX y VI a. C., fue el resultado de una progresiva difusión de los avances culturales procedentes de Oriente, la cual se produjo a través del sur de Italia, Sicilia y Cerdeña. Nunca alcanzó, al parecer, el esplendor que Platón atribuye a la Atlántida, ni fue por tanto el centro de un gran imperio que dominaba “los pueblos de Libia, hasta Egipto, y Europa hasta Tirrenia”. De hecho, la civilización tartésica no era tan brillante como la civilización etrusca, que surgió en el noroeste de Italia durante el mismo período, y que también fue fruto de esa difusión cultural hacia Occidente.

Es cierto, sin embargo, que los países del Mediterráneo occidental habían evolucionado hasta entonces de una forma bastante homogénea. En el período Neolítico se difundió por esta amplia zona la cerámica impresa y cardial, cuyo uso llegó hasta el noroeste de África. Después se desarrolló la cultura de los megalitos, que desde las costas atlánticas se extendió por el oeste hasta las islas Británicas y por el este hasta Cerdeña y Malta. Las principales tumbas megalíticas de la península Ibérica se construyeron en el Sudeste, en las mismas zonas donde se empezó a desarrollar la metalurgia. Los hallazgos arqueológicos de El Argar, yacimiento almeriense del segundo milenio a. C., indican que sus pobladores mantuvieron ciertos contactos con otras culturas del Atlántico y del Mediterráneo occidental, en una época en que los navegantes procedentes del mar Egeo viajaban a su vez hasta las costas de Sicilia, Cerdeña y Libia para comerciar con sus habitantes. Esta cadena de intercambios provocó una primera difusión hacia Occidente de los avances culturales que se habían producido en el Mediterráneo oriental durante la Edad de Bronce, antes de que se estableciesen colonias fenicias y griegas en la península Ibérica. En ese período de precolonización, los pobladores del valle de Guadalquivir recibieron influencias de la cultura de El Argar, y empezaron entonces a intensificar la explotación minera y a establecer sus propios contactos con otras regiones costeras del Atlántico y del Mediterráneo, dando así origen a la civilización tartésica.

En la época de Solón los egipcios debían de relacionar a los pobladores de Occidente con las tribus libias, como la de los “atlantes” mencionada por Herodoto, ya que el limitado conocimiento que ellos tendrían entonces sobre Tartesos o Gadir sólo podía proceder de las informaciones suministradas por los navegantes fenicios y griegos. Las tribus nómadas de Libia se desplazaban habitualmente por el árido territorio que se extiende entre la cordillera del Atlas y la orilla occidental del Nilo, y por ello los egipcios habían temido constantemente, desde tiempos muy antiguos, una masiva invasión de sus fértiles tierras desde el oeste. Este temor tan arraigado tiene su reflejo en el relato de Platón, en el que se narra la amenaza del “imperio atlante” sobre los países del Mediterráneo oriental, una amenaza que es combatida principalmente por los griegos. En relación con esto hay que recordar que los faraones de la XXVI Dinastía tenían a su servicio un gran número de mercenarios helénicos, la mayoría de los cuales era de estirpe jónica, y que estos mercenarios protegían la frontera occidental de Egipto en los tiempos de Solón. La tradición griega conserva, por otra parte, algunos relatos míticos que narran las hazañas de los héroes Perseo y Hércules en el lejano Occidente, enfrentándose a monstruos como la gorgona Medusa y a gigantes como Anteo y Gerión. Cuando Hércules realiza su undécimo trabajo, obtiene del propio Atlante las manzanas de oro de las Hespérides, tres ninfas que eran hijas del titán. Estas leyendas parecen reflejar la expansión colonizadora de los griegos hacia Occidente, iniciada en el siglo VIII a. C., pero también pueden tener su origen en la Edad de Bronce, cuando los navegantes egeos tuvieron sus primeros encuentros con los libios que habitaban al oeste de Egipto.

EL DESASTRE DE LA ATLANTIDA

En cuanto a la gran catástrofe que, según el relato platónico, hundió o inundó la Atlántida, hay que señalar que la actividad sísmica que se produce periódicamente en determinadas zonas debió de provocar algunos maremotos en la Antigüedad que habrían arrasado la costa noroccidental de África, y el recuerdo que conservaran las tribus libias de tales desastres pudo ser transmitido posteriormente a los sacerdotes egipcios. El Mediterráneo occidental engloba un área sísmica que se extiende por las costas del Magreb y la península Ibérica y que también afecta a sus fondos marinos. La conversación inicial de Solón con los sacerdotes de Sais, recogida en el diálogo Timeo, trata de los desastres naturales que cada cierto tiempo destruyen los logros alcanzados por el hombre. Se cuenta entonces la catástrofe que antiguamente afectó al mar Egeo, la cual puede estar relacionada, como ya se ha visto, con el estallido del volcán de Tera y el consiguiente hundimiento de una parte de esta isla, haciendo luego referencia a un violento terremoto y a una inundación que hizo desaparecer la Atlántida bajo el mar. Aunque es posible que una gran ola o tsunami provocada por el desastre de Tera llegara a sentirse en la costa de Libia, la legendaria destrucción de la Atlántida tuvo que haber sido un acontecimiento diferente. Como señala R. Graves en sus comentarios a los mitos griegos, la catástrofe a la que se refería Platón debe de ser la misma que relata Diodoro Sículo en su Biblioteca de Historia (III 55, 3) al explicar que, por la acción de unos seísmos, se sumergieron las zonas de Libia próximas al Océano y que la región del lago Tritonis fue igualmente inundada por el mar. Este mismo autor indica en otro pasaje (III 53, 4) que el lago Tritonis se encontraba cerca de “la cadena montañosa paralela al Océano, que es la más alta de esta zona y se precipita sobre el mar, y es llamada por los griegos Atlas”, expresando además que la isla Hesperia, o la mítica tierra de las Hespérides, estaba situada en aquel lago.

Así pues, un terremoto de gran intensidad, seguido de un maremoto, pudo haber causado la violenta penetración de las aguas marinas, desde el golfo tunecino de Gabes, en las regiones que se encuentran al sudeste del Atlas, convirtiendo lo que antes habría sido un pequeño lago en una especie de mar interior. Hay que tener en cuenta que algunas zonas de Túnez y Argelia se encuentran actualmente por debajo del nivel del mar, hecho que inspiró al escritor J. Verne una imaginativa novela –titulada precisamente La invasión del mar– que planteaba la construcción de un canal que llevara las aguas del Mediterráneo hasta esas zonas, para poder suavizar así la sequedad de su clima. Esa laguna de agua salada, llamada por los griegos Tritonis, existió realmente en tiempos prehistóricos y debió de cubrir originalmente una gran extensión, aunque su tamaño fue progresivamente reduciéndose debido a las variaciones climáticas, de modo que sus actuales restos son unas marismas llamadas Chott Djerid y Chott Melghir. Según la tradición helénica, los legendarios tripulantes del navío Argos, conocidos como los argonautas, tuvieron que trasladar por tierra su famoso barco, que había quedado varado en la costa más lejana de Libia, hasta el salado lago Tritonis y pudieron volver después al Mediterráneo por un río llamado Tacape. También se recoge en otras fuentes clásicas el testimonio del geógrafo Escílax, del siglo VI a. C., que confirma la existencia de aquel antiguo lago, y el propio Herodoto lo menciona en su obra (IV, 180) cuando describe las tribus libias y sus territorios.

Los textos de Platón expresan, además, que el hundimiento –o inundación– de la Atlántida había dificultado la navegación en aquella zona, al encontrarse a escasa profundidad el territorio cubierto por las aguas. Este pasaje puede referirse al hecho de que, ya en la época clásica, una gran parte del lago Tritonis debía de haberse convertido en una marisma inaccesible para la mayoría de las embarcaciones, e igualmente puede basarse en las informaciones que los comerciantes fenicios difundían intencionadamente entre sus competidores, relativas a la existencia de peligrosos bajíos en las costas situadas más allá de las Columnas de Hércules y de plantas o algas flotantes que cubrían la superficie del mar. Aunque el litoral atlántico de la península Ibérica no debió de sufrir el desastroso maremoto que inundó la zona del lago Tritonis, es cierto, sin embargo, que existieron antiguamente tales bajíos en las desembocaduras de los principales ríos ibéricos, así como en el propio estrecho de Gibraltar. De este modo los navegantes tenían que dirigir sus barcos con bastante precaución, como nos explica Estrabón en su Geografía (III 2, 4), ya que un rápido descenso de la marea podía dejarlos varados en medio de un estuario.

En conclusión, el mito de la destrucción de la Atlántida pudo haberse basado, por tanto, en la inundación producida por las aguas del Mediterráneo –como consecuencia de un intenso movimiento sísmico– de una parte de los territorios habitados por los pueblos occidentales a los que los griegos denominaron atlantes. La época en que habría ocurrido tal catástrofe no se puede concretar, pero no debió de ser anterior, en cualquier caso, al período Neolítico.

LA LEGENDARIA GUERRA CONTRA LOS ATLANTES.

Ya se ha explicado cómo el heroico enfrentamiento de los griegos contra los atlantes, que constituye otro de los elementos del mito, puede ser una proyección en el pasado de la labor defensiva que desarrollaron los mercenarios jonios en la frontera occidental de Egipto entre los siglos VII y VI a. C. No obstante, este hecho histórico pudo haberse mezclado en el relato de Platón con una antigua leyenda griega: la guerra que sostuvieron los dioses del Olimpo contra los siete titanes, dirigidos por Atlante. De acuerdo con esta tradición, el omnipotente Zeus se rebeló contra su padre, el titán Crono, y ayudado por los demás dioses y por los cíclopes, gigantes de un solo ojo, luchó durante diez años contra los titanes, a los que finalmente derrotó. Los vencidos fueron expulsados al lejano Occidente y el titán Atlante fue entonces confinado en el noroeste de África y castigado a sostener el cielo sobre sus hombros.

Ahora bien, el historiador Dionisio de Halicarnaso señala en una de sus obras (Hist. Rom. I, 61) que Atlas o Atlante fue el primer rey de Arcadia, región situada en el centro del Peloponeso. De acuerdo con esta versión, es posible que los primitivos habitantes del sur de Grecia hubiesen identificado originalmente a Atlante, el titán que soportaba el peso del firmamento, con las montañas de Arcadia y que al conocer después los griegos la cordillera norteafricana, la más elevada de los países mediterráneos, hubiesen trasladado a esta zona la antigua deidad que era considerada “la columna del cielo”. La mítica guerra entre Zeus y los titanes puede simbolizar, además, la sustitución de unas divinidades prehelénicas por los dioses que eran venerados por otras tribus de origen indoeuropeo, como la de los aqueos, las cuales debieron de invadir el Peloponeso a mediados de la Edad de Bronce. Si identificamos, además, a los más antiguos pobladores de Grecia con los súbditos del divinizado rey Atlas de Arcadia también se puede ver en la legendaria lucha entre griegos y “atlantes” un trasunto de la conquista helénica del Peloponeso.

De hecho, los pueblos que habían ocupado Grecia desde el Neolítico eran de tipo mediterráneo, como las tribus norteafricanas e ibéricas que habitaban en Occidente, diferentes por tanto a los invasores indoeuropeos que penetraron en Grecia desde los Balcanes. No sería extraño entonces que los griegos posteriores, descendientes de aquellos inmigrantes, pensasen que los habitantes del Mediterráneo occidental pertenecían a una estirpe muy antigua, emparentada con la de los pueblos prehelénicos a quienes se habían enfrentado en el pasado. De acuerdo con esta visión, los griegos podían llegar a creer que habían “liberado” los territorios del Egeo del dominio de los atlantes o, más bien, de sus parientes orientales.
La tradición helénica recogida por Dionisio recuerda además un gran diluvio que inundó los campos de Arcadia en los tiempos en que gobernaba el citado rey Atlas, y este hecho también tiene cierta similitud con la legendaria catástrofe que, según Platón, sufrieron los atlantes.

EL MODELO PLATÓNCIO DE CIVILIZACION

En los Diálogos que tratan sobre la Atlántida el ateniense Critias explica que su familia había conservado los antiguos manuscritos de Solón, y que él mismo los había estudiado mucho desde niño. El contenido de esos escritos podía ser bastante heterogéneo en realidad, pero los herederos de Solón debieron de creer que todos ellos formaban parte de un mismo relato y, de este modo, la información que transmitieron a sus contemporáneos se convirtió en una fusión de elementos de diverso origen. Las vagas referencias a los pueblos libios y a las primeras civilizaciones ibéricas, recibidas de los sacerdotes egipcios y los navegantes que exploraban las costas más alejadas del Mediterráneo, se mezclan con la mítica guerra entre los dioses y los titanes, procedente de la tradición griega. Y también parecen confundirse en la fabulosa historia de la Atlántida las catástrofes naturales ocurridas en zonas tan diferentes como el lago Tritonis, la región de Arcadia y la isla de Tera.

Así pues, el relato escrito por Platón no resulta ser verdadero en su conjunto, pero cada uno de los fragmentos que lo conforman, por separado, sí parece tener su propia base histórica. El filósofo ateniense aprovechó esta leyenda para exponer, además, las características que para él debía de tener una civilización muy desarrollada. De este modo, la Atlántida se muestra como un mundo utópico, muy alejado en el espacio y el tiempo, e igualmente se convierte a la sociedad de los primitivos atenienses en un arquetipo ideal. La increíble fecha en que se sitúan los acontecimientos narrados en los Diálogos, alrededor del año 9.500 a. C., lleva a Platón a contradecirse en algunos puntos de la descripción atribuida a Critias, pues en cierto pasaje explica que los barcos eran todavía desconocidos en aquella remota época y poco después afirma que la capital de los atlantes poseía un gran puerto lleno de trirremes. No debe buscarse, por tanto, una realidad histórica en esa esplendorosa civilización de la Atlántida, más allá del recuerdo distorsionado de las antiguas culturas occidentales que evolucionaron desde las construcciones megalíticas hasta el auge de Tartesos. Y aunque el legendario reino de los atlantes parece incorporar algunos rasgos que podrían proceder del mundo tartésico, o de la igualmente desaparecida civilización minoica, su descripción responde más bien a un modelo helénico del siglo IV a. C. La capital de los atlantes posee así numerosos templos, jardines y gimnasios, y a ella acuden comerciantes llegados de todas las partes del mundo. Se cuenta además que está llena de riquezas y que el mayor de sus templos, dedicado a Poseidón, está revestido de oro, plata y marfil.

La filosofía idealista de Platón se puede reconocer también en la explicación que da Critias a la decadencia de los atlantes, cuando relata que su elevada virtud y su esencia divina se fueron debilitando por haberse mezclado con la naturaleza mortal y que, al imponerse en ellos esta imperfecta humanidad, se volvieron más codiciosos y arrogantes hasta que Zeus los castigó con su aniquilación. Ahora bien, Platón se equivocaba igualmente en este punto, porque si el país de los mitificados atlantes era, en realidad, la zona geográfica que se encuentra junto al estrecho de Gibraltar, los actuales habitantes de la península Ibérica somos sin duda una parte representativa de sus descendientes.

BIBLIOGRAFIA

http://www.institutoestudiosantiguoegipto.com

http://www.e-torredebabel.com