Mirando el cielo

Mirando el cielo

En 2009 se cumplen 400 años del uso del telescopio en Astronomía. Por este motivo la UAI (Unión Astronómica Internacional) y las Naciones Unidas decidieron que este sea el Año Internacional de la Astronomía. En estas páginas, algo sobre Galileo, Kepler, Tycho Brahe, primeros astrónomos modernos, y los hechos que rodearon el nacimiento de la “ciencia celeste”.

“… No hay otra verdad que la de la materia; somos, con nuestros sentimientos y nuestra conciencia, una simple fracción de la inteligencia del Universo” (J.M.G. Le Clézio, Urania)
ensar el 2009 no resulta una tarea fácil a la luz de los tiempos que nos tocan vivir.

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Probablemente, sea más sencillo pensar en 1609, un momento de gloria para la ciencia que, sin embargo, según la visión de algunos intelectuales, condujo pocos años después al fin de la relación entre la ciencia y la sociedad, cuando Galileo, según nos cuenta la leyenda, abjuró de sus convicciones públicamente.

Es Bertolt Brecht quien señala este hecho en la maravillosa obra Galileo Galilei, uno de los textos mas valiosos en lo que hace al análisis del significado social de la ciencia, como productora del cambio y hacedora de mentes libres.

No podemos dejar de citarlo:

“Mi opinión es que el único fin de la ciencia debe ser aliviar las fatigas de la existencia humana. Si los hombres de ciencia, atemorizados por los déspotas, se conforman solamente con acumular saber por el saber mismo, se corre el peligro de que la ciencia sea mutilada y que vuestras máquinas sólo signifiquen nuevas calamidades. Así vayáis descubriendo con el tiempo todo lo que hay que descubrir, vuestro progreso sólo será un alejamiento progresivo de la Humanidad. El abismo entre vosotros y ella puede llegar a ser tan grande que vuestras exclamaciones de júbilo por un invento cualquiera recibirán como eco un aterrador griterío universal.”

Bertolt Brecht, Galileo Galilei

Durante siglos, la ciencia permaneció en el ámbito del laboratorio y entre los bancos y en las bibliotecas de las Universidades. Los científicos se mostraron reacios a la difusión y algunos filósofos llevaron al convencimiento de que la ciencia era demasiado para que se la pudiera entender en ámbitos no iniciados.

Sumemos a esto las dificultades que, durante siglos, los científicos hemos tenido para ver a la ciencia como interdisciplinaria, a la Naturaleza como una sola y al Universo como el origen de la misma existencia humana.

La Astronomía es una ciencia antigua, la primera a la que el ser humano se dedicó de manera sistemática, aquella que le permitió predecir fenómenos a partir de de la observación del cielo, en donde las personas encontraban una brújula, un reloj y un calendario.

De la mano de la Astronomía llega la observación minuciosa de fenómenos, no sólo celestes, aunque asociados con los movimientos de la Tierra que son de índole astronómica y que se explican a través de esta ciencia.

 

La Astronomía en sí misma no significa más que la curiosidad de un ser humano por explicar los fenómenos celestes, y de la mano de la curiosidad encontró puntos culminantes que marcaron hitos en la historia de la Humanidad.

Probablemente pocos sepan que en el mismo siglo que caía Constantinopla o Colón llegaba a América, Copérnico estaba marcando el fin de la era Geocéntrica, seguramente inspirado por astrónomos más antiguos, como Aristarco de Samos que en torno del 500 antes de Cristo ya hablaba del Sol como centro del Universo.

Este cambio no fue superficial, desde el punto del pensamiento humano, marcó un cambio de paradigma. Se modificó la estructura mental de la Humanidad, debimos cambiar una visión netamente antropocéntrica, por otra, en donde el ser humano ya no era el centro del universo conocido. Y eso, no es poca cosa, aunque hoy lo tomemos como algo natural.

Los años que siguieron hasta el siglo XV, fueron de idas y venidas, de logros importantes de la mano de otros hombres notables, y de derrotas inconmensurables: siempre que la ignorancia se cobra una vida es algo inconcebible, esa vida fue la de Giordano Bruno, en 1604.

Fue quemado en la hoguera por la Inquisición en Italia, por defender precisamente la teoría heliocéntrica, algo que desde el 500 a de C. se tenía como, algo al menos, probable y que en muy poco tiempo iba a ser absolutamente demostrada. Sólo debían esperar hasta el año 1609.

Algunos afirman que Giordano Bruno también afirmaba que existían otros mundos habitados en el Universo y que éste era infinito. Era mucho para algunas mentes de su época.

1609 es un año absolutamente singular: Johannes Kepler, a quien los astrónomos nos gusta reconocer, con absoluta justicia, como el primer astrónomo, publica tal vez la obra más importante de una era: Astronomía Nueva. En ese libro plasma las dos primeras leyes del movimiento planetario, allí introduce el concepto de orbita elíptica y el hecho de que los planetas no se mueven en estas órbitas con velocidad constante.

Kepler era un científico notable. Provenía de una familia humilde. La única manera de adquirir educación era ingresando al seminario. Kepler, una persona profundamente religiosa, no pudo terminar sus estudios allí, según él, por cuestiones irreconciliables entre la ciencia y la fe.

Sin embargo, llegó a ser un matemático notable. Sus leyes comenzaron ajustándose a los conceptos geométricos clásicos. Pero Kepler era un teórico. Sabía positivamente que sin observaciones, sin experimentación, sus teorías caerían en el olvido, al no poder ser comprobadas. O bien, seguirían siendo aceptadas hasta que otro encontrara la manera de verificarlas.

 

Johannes Kepler emprendió entonces, uno de los más dolorosos viajes de su vida, a los dominios del astrónomo danés Tycho Brahe, el más grande observador de su época, época en la que aún no había sido inventado el telescopio. Tycho Brahe era la antítesis de Kepler: éste, medido, estudioso, respetuoso de las personas, humilde y sufrido; Tycho era un desaforado.

Vivía a todo lujo en un castillo que el mismo bautizó como Uraniborg, el reino de Urania o el reino del cielo. Allí, una corte de parientes, amigos advenedizos, simples adulones, sirvientes, se pasaban los días de fiesta en fiesta… aunque nadie sabe cuándo Tycho encontraba el tiempo para diseñar y fabricar sus instrumentos o realizar sus trabajos de observación, él era la persona con la base de datos astronómicos más grande de toda Europa.

Y esto, Kepler lo sabía. En particular, estaba interesado por los miles de observaciones que Tycho había compilado del planeta Marte, uno de los objetos que se mueven de manera aparentemente caprichosa entre el fondo de cielo de las denominadas, en el pasado, estrellas fijas. Kepler debió esperar, en un lugar que no era el suyo y que lo disgustaba profundamente, que Tycho muriera para heredar los preciados datos.

Entonces Kepler puso manos a la obra y en poco tiempo se dio cuenta de que la órbita circular y perfecta que él había propuesto en la primera versión de su primera ley del movimiento planetario, no ajustaba con las observaciones de Tycho.

Kepler pudo haber pensado que el astrónomo danés se había equivocado en sus observaciones, que sus cálculos y las efemérides eran erróneos pero, haciendo gala de su naturaleza, Kepler prefirió pensar que el equivocado era él mismo.

Y fue así que modificó la forma de la órbita a la de una elipse (cosa que lo llevo a desarrollar toda la geometría de las cónicas) y entonces, el planeta Marte mostraba observacionalmente un ajuste perfecto con la órbita teórica. Nacía, de esta manera, el método científico. Kepler es la primera persona en la historia de la Humanidad que escribe una ecuación que representa el funcionamiento de la Naturaleza.

1609 aún no había terminado. Astronomía Nueva resulto un título revelador, pero aún estaba por llegar el más grande de los aportes de la tecnología de la época a la astronomía: el telescopio.

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Galileo Galilei era un notable científico. Como Kepler, provenía de una familia humilde. Su padre aspiró a que fuera médico, pero Galileo sólo pensaba en la matemática y la física y duró apenas tres meses en la Escuela de Medicina.

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Galileo no sólo fue un científico brillante, fue luthier (su padre fabricaba y vendía violines y le enseñó el oficio), fue músico (tocaba el laúd), fue inventor (inventó la balanza hidráulica, el compás marino y el reloj de péndulo, entre otras cosas) y también fue un gran escritor.

Para él la ciencia debía ser popular, era parte de las actividades humanas y a lo largo de toda su vida se encargó de involucrar en sus actividades científicas, a la mayor cantidad de gente posible.

Galileo fue un gran difusor de la ciencia, tal vez, el primer periodista científico de la historia, y por cierto, el más apasionado astrónomo de su época. Su pasión era contagiosa, al punto tal que inspiró al mismo Kepler, un teórico absoluto, para construir sus propio telescopio al que haciendo honor de su sabiduría, Kepler introdujo notables mejoras.

Las cartas entre Galileo y Kepler son dignas del estudio permanente de los mismos científicos de nuestros tiempos.

Galileo no inventó el telescopio. Este había sido patentado en Holanda, por un constructor de lentes llamado Hans Lipperhey. Galileo lo reconstruyó en sus talleres, lo mejoró de tal manera que de tener un telescopio con 2 aumentos, paso a uno con 20 aumentos, en sólo dos meses.

El 21 de agosto de 1609 es la fecha más aceptada como aquella en que por primera vez en la historia un astrónomo, Galileo, usó un telescopio para observar el cielo.

Esto sucedió en Venecia, sus observaciones fueron compartidas con el senado veneciano y, según se dice, Galileo llevó su telescopio a la Plaza San Marcos, un lugar muy concurrido en todas las épocas, de manera que cualquiera que pasara por allí, pudo haber tenido la experiencia, absolutamente personal, de la primera observación astronómica con telescopio de la historia.

A esta noche siguieron muchas más, repartidas entre Venecia y Florencia, en donde realizó sus más importantes descubrimientos.

Probablemente, lo primero que observó fue la Luna, con sus cordilleras y cráteres y hasta mares (de polvo!) luego siguió Venus, que mostró por primera vez sus fases, muy difíciles de detectar a ojo descubierto, y Marte y Júpiter.

Se detuvo por un largo tiempo a observar Júpiter pues fue allí que cuatro cuerpos se veían orbitar en torno del planeta, las lunas que Galileo llamo Mediceas, en honor al duque de Médici, su mecenas y que hoy llevan los nombres de Io, Europa, Ganímedes y Calixto todos personajes mitológicos de la familia de Júpiter (una decisión de la Unión Astronómica Internacional, quien decide sobre la nomenclatura astronómica).

Después siguió Saturno, en julio de 1610 Galileo no pudo separar con su telescopio el sistema de anillos de este planeta.Unos años después, en 1659, Cristian Huygens, un científico Holandés, logro descifrarlos, aunque sólo en parte.

Galileo observa casi ininterrumpidamente hasta marzo de 1610. El 12 de marzo de ese año publica el Mensajero Sideral, un compendio de relatos que describen las observaciones realizadas. Lo dedica a los Medici en latín, la lengua de la ciencia en esos tiempos, pero el contenido lo escribe en italiano: así, todos podían entrever los misterios que el cielo escondía al ojo si uno no tenía un telescopio!

Este fue un hecho desestabilizador, la ciencia llegando a todos por igual no era algo que deseara aquella en manos de quien estaba la ciencia del siglo X, la Iglesia.

Proceso contra Galileo

En 1632, Galileo publica en Florencia (y en italiano, que el gran público entendía) uno de sus dos diálogos maestros… Sopra i due Massimi Sistemi del Mondo tolemaico, e Copernicano; proponiendo indeterminadamente le ragione Filosofiche, e Naturali tanto per l’una, quanto per l’altra parte, como se dice en la famosa portada del gran libro galileano, adornada equívocamente por tres delfines.

En el Diálogo, dos personas discuten frente a un tercero, hombre de la calle; uno adopta el punto de vista ptolemaico y el otro se adhiere a Copérnico. El primero, Simplicio, como su nombre lo indica, aparece como dogmático y poco inteligente.

Ya que el papa Urbano VIII sabía de las inclinaciones de Galileo -pues éste le había dedicado en 1623 su libro II Saggiatore donde defiende el sistema de Copérnico-, le había dado instrucciones de que en su nuevo libro no eligiera entre los dos sistemas del mundo. Tal intento de obediencia a la autoridad papal se trasluce en la parte final del largo título del Diálogo.

Sin embargo, los enemigos de Galileo, ya numerosos y muy influyentes para entonces, convencieron al Papa de que Simplicio no era más que la caricatura del Primado. Galileo, tenido hasta ese momento en gran estima por Urbano VIII, cae de la gracia papal.

Los tiempos políticos, por otro lado, parecen haber sido contrarios a la suerte de Galileo. En 1632, el Cardenal Gaspar Borgia, embajador español ante la Santa Sede, ataca abiertamente al Papa en el Colegio Cardenalicio. La presión española busca que el Papa disuada a Francia de su alianza con Gustavo Adolfo, el rey protestante de Suecia. Todo ello ponía en peligro al Sacro Imperio Romano y al catolicismo en Alemania.

Empero, el Papa no podía enemistarse con la católica Francia. Le quedaba, pues, el gesto simbólico de sacrificar públicamente a alguien notoriamente profrancés, y herético por añadidura. El monje apóstata dominico, Tomás Campanella, era la más obvia elección. Campanella, sin embargo, sabía demasiado, por lo que habría de buscarse algún otro chivo expiatorio.

Para su mala fortuna, Galileo acababa de perder la gracia papal, al poner en boca del simple Simplicio argumentos caros a Urbano VIII.

Culmina así el proceso de Galileo. El 22 de junio de 1633, la Congregación del Santo Oficio decreta que Galileo es culpable de haber puesto sin autorización el imprimátur, y de haber afirmado que la Tierra se mueve.

Galileo abjura y rechaza las ideas copernicanas; ya septuagenario se ve condenado al silencio y a la penitencia de recitar, cada semana durante tres años, los salmos.

Antes de morir ciego en 1642, en Arcetri, cerca de Florencia, completa con el auxilio de sus discípulos Viviani y Torricelli su otro gran Diálogo: Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nuove scienze, que fue publicado en Holanda en 1636. Así empieza la mecánica y con ella la ciencia física, tal y como hoy la concebimos.

Los años finales de Galileo son conocidos, varios procesos, su enemistad con Urbano, su arresto domiciliario, hasta su muerte y el reconocimiento del error del proceso en 1992.

No tan conocida es la vida privada de Galileo, quien nunca se casó, pero convivió toda su vida adulta con la que sería madre de sus tres hijos. Al no casarse, condenó a sus hijas a no poder hacerlo y a terminar sus días como monjas de clausura. Una de sus hijas, Virginia, al tomar los hábitos adoptó el nombre de María Celeste, indudablemente en honor a su padre. María Celeste acompañó a Galileo hasta su muerte a través de cartas hermosas que intercambiaban.

Dava Sobel, relata esta vida detrás de las paredes del convento y los vínculos entre María Celeste y Galileo en su obra La Hija de Galileo.

Podríamos seguir este relato contando infinidad de logros, pues Galileo fue una personalidad de tal envergadura que trabajó en un amplio número de líneas de investigación: desarrollo la mecánica, trabajó con la luz de la que creía podía tener una velocidad finita, estudio el comportamiento de cuerpos que caen por un plano inclinado, sentó las bases de los estudios de conservación de la energía, trabajo en acústica.

Y también podríamos contar fracasos y penas.

Sin embargo es bueno concluir recordando que en 2009, se cumplen 400 años del uso del telescopio en Astronomía, que por eso, la ALÍ y las Naciones Unidas, por iniciativa del gobierno italiano, decidieron que este sea el año Internacional de la Astronomía, el año en que el cielo se acerque a la Tierra.

Los astrónomos de hoy compartimos el mismo espíritu que los pioneros, un espíritu aventurero, de eterna duda, de vínculo con el Universo del que provenimos; tenemos la pasión que nos lleva a correr los límites del conocimiento, vislumbramos cosas que pueden suceder y tenemos sueños.

Kepler, en el siglo XV soñó un viaje a la Luna en su novela de ciencia ficción (la primera de la época moderna) Somnium; su protagonista es el joven islandés Duracotus. Su madre, Fiolxhide, se gana la vida recogiendo hierbas, envolviéndolas en piel de cabra y vendiéndolas a los marinos a precio de filtro de amor, elixir de vigor o pócima de venganza.

Cuando Duracotus vuelve a casa tras haber estudiado con Tycho Brahe, su madre le dice que Tycho le habrá enseñado mucho sobre la Luna, pero que ella conoce a unos demonios y le puede llevar allí.

Impulsado por un mágico fluido, probablemente sugerido por la madre del mismo Johannes que era alquimista, llega al satélite natural de la Tierra y ve, desde allí, a la Tierra. Los astronautas de las misiones Apolo, en los años 60 del Siglo XX tuvieron esa visión, pero era real.

Los astrónomos creemos que mirar el cielo nos cambia, que observarlo a través de un telescopio es una experiencia que cambia nuestra visión de la naturaleza, del Cosmos y de nosotros mismos. Que millones de personas en el mundo entero observen utilizando un telescopio la Luna, los planetas, galaxias o nebulosas, cúmulos o el Sol, es nuestro sueño.

Que las personas vuelvan a mirar al cielo, que sientan el sano vértigo, el de estar a las orillas del mar de donde provino todo aquello de lo que estamos hechos, del universo infinito que permite la existencia de planetas como la Tierra, en donde unos seres, se preguntan sobre su origen y evolución, ese es nuestro sueño.

Todos podemos hacerlo real, esta es una invitación a sumarse a la mas grande todas las acciones de la astronomía de todos los tiempos, es recordar a Galileo en medio de la Plaza San Marcos, es honrar a Kepler y su trabajo metódico y a Tycho y sus precursoras observaciones, a Copérnico, Aristarco, Hiparco, y los modernos astrónomos que utilizamos telescopios gigantes y en el espacio y a aquellos que están viajando a otros mundos y a la gente que, a pesar de la tecnología actual, no deja de tener sueños…sigue

Via losandes.com.ar

Los videos de guba.com no sabemos si ya no funciona ese sitio web o es que hoy anda mal.
vereis si no funciona un espacio en blanco ….

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